
Le preguntaron a Johannes Kepler por qué insistía en mirar el cielo con matemáticas.
Él respondió: “Porque los números son el idioma en que Dios escribió el universo.” Kepler nació en 1571, en medio de pobreza, enfermedades y guerras religiosas. Contra todo pronóstico, descubrió que los planetas no giran en círculos perfectos, sino en órbitas elípticas. Formuló las tres leyes que aún hoy rigen nuestra comprensión del cosmos y abrió el camino para que Newton pudiera explicar la gravedad universal. Pero su vida no fue fácil: defendió a su madre acusada de brujería, sufrió la pérdida de hijos, vivió perseguido por su fe y murió en la pobreza. Aun así, nunca dejó de creer que el universo era legible y que la ciencia debía ser un acto de humildad y de amor por la verdad. Su legado no es solo científico: Kepler nos enseñó que el cosmos no es un caos, sino una música silenciosa que podemos aprender a escuchar.